¿Ha muerto el Design Thinking?

 

En los foros de emprendimiento e innovación de todo el mundo el Design Thinking lleva resonando con fuerza varios años, hasta el punto de haberse convertido en una de las principales vías para la innovación centrada en las personas. Lo cierto es que este término, que hace referencia a un marco metodológico que sirve para afrontar la resolución de problemas a través de equipos de co-creación multidisciplinares, ha acabado siendo un poco sobreutilizado en toda la literatura sobre emprendimiento e innovación. Por ello, muchos empiezan a considerarlo una "moda" más que otra cosa, e incluso algunos gurús de la innovación y el emprendimiento han empezado a hablar del Design Thinking como un “experimento fallido”.

 

Sin embargo, el Design Thinking es más necesario que nunca. Y es que nadie puede negar que el establecer métodos efectivos para conocer y bucear en los problemas y necesidades de los usuarios hayan dejado de ser importantes. Y no podemos obviar que para crear innovaciones cada vez más complejas los métodos del Design Thinking, a través de la captura de múltiples ideas y su rápida traducción en soluciones viables, es esencial.

 

¿Dónde está el problema, entonces? Muy probablemente, más que en el propio enfoque Design Thinking, hay que buscarlo en la forma en que muchos utilizan esta metodología. Cómo en cualquier otro marco metodológico, su aplicación adecuada requiere una práctica profunda y una comprensión adecuada de sus dinámicas. Sin embargo, muchos lo presentan como un método ‘mágico’ con el que crear innovación en cualquier momento y en cualquier lugar, sin tener en cuenta la importancia de utilizar las herramientas y dinámicas adecuadas y de realizar el trabajo de investigación, síntesis y análisis necesario con la suficiente profundidad.

 

Estos son algunos de los problemas que suelen producirse al usar la metodología:

 

  • Muchos fans acríticos del método han acabado utilizando el Design Thinking como un corsé mecánico, rígido e infalible, en vez de considerarlo como un marco metodológico que sirve de guía para el proceso pero que tiene que ser adecuado a las circunstancias y a las personas. Así, por ejemplo se acaba trabajando sin empatía o creatividad alguna o se itera de forma mecánica y sin que sea necesario.
  • Al centrarse en la investigación cualitativa y no haber un método profesional establecido para su realización, muchas veces se tiende a confiar en la habilidad de cualquier persona para desarrollar una investigación de forma adecuada y con frecuencia se acaban definiendo modelos o marcos basados en datos sesgados o parciales (o incluso inexistentes).
  • Además, si no se establecen unas dinámicas de grupo adecuadas, algunas personas pueden imponer su visión sobre otras, introduciendo importantes sesgos, comprometiendo los resultados y provocando frustración en el equipo.

 

Por lo tanto, como podemos ver, el Design Thinking, como tantas otras metodologías, no es infalible y dependerá de muchos condicionantes a la hora de aplicarlo en la práctica. Pero con los conocimientos, herramientas y habilidades adecuadas, sin duda sigue siendo una de las claves para cualquier proceso de innovación centrado en las personas.