Crowdfunding, o cómo hacer realidad tu gran idea

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Imagen de Rocío Lara

¿Tienes una gran idea pero te falta el dinero para hacerla realidad? Pues estás de suerte: en un momento en que se empiezan a configurar nuevos modelos socioeconómicos basados en la apertura, la innovación y la colaboración, el crowdfunding se está convirtiendo en la mejor opción para conseguir los fondos necesarios para hacer realidad el proyecto de tus sueños.

El crowdfunding implica, como su nombre indica, una financiación colectiva a través de las pequeñas pero significativas aportaciones de decenas o cientos de pequeños mecenas. Hace unos años, grupos de música, directores de cines y artistas comenzaron a convocar a sus fans y pedirles pequeñas aportaciones para financiar sus próximas creaciones (curiosamente, uno de los precursores fue el grupo español Extremoduro, que ya en 1989 "vendió" su primer disco antes de grabarlo para poder financiar la grabación). Estas campañas de financiación, realizadas en un principio de manera informal a través de redes de fans, se empezaron a multiplicar gracias al poder de Internet a partir del lanzamiento de la plataforma online americana Kickstarter, que desde su fundación en el año 2009 se ha convertido en la red más grande del mundo de financiación colectiva de proyectos creativos.

Hace 3 años la fiebre del crowdfunding llegó finalmente a nuestro país de la mano de plataformas como Goteo, Verkami o Lánzanos, y desde entonces este movimiento no ha parado de crecer. Hoy en día son ya cientos las plataformas de crowdfunding existentes en todo el mundo, y una vasta red de individuos ya es capaz de mover miles de millones de euros a través de pequeñas aportaciones que están haciendo realidad cientos de proyectos: en el año 2014, la industria mundial del crowdfunding creció hasta superar los 5.000 millones de dólares.

Pero, ¿qué motiva a la gente a entregar su dinero para financiar proyectos de, en muchos casos, completos desconocidos? Normalmente el creador ofrece a cambio alguna recompensa proporcional a la aportación entregada (una pegatina, una camiseta, salir en los créditos, una versión firmada del producto...). Pero sobre todo, lo que anima a la gente es poder apostar por una gran idea que realmente genere un cambio positivo en la sociedad o que aporte auténtico valor creativo y artístico.

Y es que no todos los proyectos son aceptados en las plataformas de crowdfunding, ni todos los que son aceptados consiguen finalmente la financiación. Por ejemplo, además de un detallada planificación de los gastos previstos y de las inversiones necesarias, plataformas como Goteo requieren que además de fijar recompensas individuales para los mecenas, la iniciativa tenga algún tipo de retorno colectivo a la comunidad. Es decir, que sean de código abierto y generen nuevas oportunidades para la mejora constante de la sociedad y el enriquecimiento de los bienes y recursos comunes.

Finalmente, los proyectos que pasen esta criba tendrán que pasar el reto más difícil: enamorar a los potenciales micromecenas y convencerles a través de talento, confianza, valor añadido y calidad del proyecto de que merece la pena invertir unos euros en hacer realidad ese sueño. Y es que si la iniciativa no logra el umbral mínimo de financiación necesaria, se irá con las manos vacías.

Este modelo de crowdfunding centrado sobre todo en proyectos artísticos, creativos, culturales y sociales, ya plenamente extendido, está derivando también en otros modos de entender el crowdfunding más enfocados en el desarrollo de startups y empresas.

El crowdlending, por ejemplo, es una variedad del crowdfunding consistente en la financiación, mediante préstamos o créditos, a pequeñas y medianas empresas a través de una red de pequeños prestamistas particulares. Está representado en España por plataformas como Arboribus. Por su parte, el equity crowdfunding, a través de plataformas como The Crowd Angel, permite mediante pequeñas aportaciones obtener participación en el capital de la empresa, con un retorno a través de beneficios, rentas, acciones o participaciones. Son estas dos últimas variedades del crowdfunding, con mayores implicaciones económicas, las que el gobierno tiene en el punto de mira a la hora de regular esta nueva realidad.