A favor de una educación radical

Leinner en el laboratorio de aprendizaje de Teamlabs

Por Carlos Magro (Presidente de la Asociación Educación Abierta)

 

A pesar de la insistencia de muchos, el futuro (al menos el que muchas personas queremos) no nos reclama personas flexibles y adaptables, hábiles, rápidas y dispuestas a todo, sino sujetos de acción y responsabilidad que asuman un rol activo, crítico y emprendedor como ciudadanos. Somos, sostenía Paulo Freire, seres de transformación y no de adaptación.

 

Tampoco necesitamos una educación objetiva, flexible y adaptable a las demandas cambiantes de la sociedad, sino una educación que, estando al servicio de la sociedad, sea capaz, al mismo tiempo, de ser obstinada y ofrecer resistencia. Una educación que no deje de lado sus dimensiones éticas, políticas y sociales. Una educación que se oponga a la actual sociedad del impulso, que combata la individualización y desnaturalice las desigualdades y las injusticias.

 

Es verdad que educamos para comprender la realidad, pero comprender la realidad no significa adaptarse a ella, sino ser capaces de tomar distancia para poder discutir lo que hay que cambiar. Y las herramientas que necesitamos tienen poco que ver con las infinitas listas de habilidades para el siglo XXI, y mucho con las viejas herramientas del pensamiento radical que combina el lenguaje de la crítica con el lenguaje de la posibilidad: la dialéctica; la problematización; la reflexión y específicamente la reflexión para la acción; el cuestionamiento del status quo; la comprensión del otro; la esperanza como método.

 

Lejos de necesitar docentes eficientes y expertos en el manejo de técnicas y metodologías contrastadas, lo que el futuro nos reclama son personas que asuman las paradojas y contradicciones que acarrea siempre la enseñanza. Personas que se nieguen a distribuir las vidas en distintas orillas. Personas que entiendan la enseñanza como una práctica emancipadora. Personas que entiendan las instituciones educativas como lugares de lucha y posibilidad, que trabajen a diario por convertir las instituciones educativas en esferas públicas democráticas. Personas, en definitiva, que asuman su rol como intelectuales transformativos.

 

El futuro no es inexorable. Las cosas no son así. Están así y podemos cambiarlas. Para ello, más que nunca, necesitamos una educación radical y una esperanza militante.

 

[Carlos Magro participará como ponente en la graduación de la 1º generación de Lit, el master de facilitación del aprendizaje e innovación de TEAMLABS y Mondragon Unibertsitatea, el viernes 18 de junio a las 12h en Madrid.  CONSIGUE TU ENTRADA ]