Nuestra tecnología más poderosa es el diálogo

Por Carla Filannino, community coach en Teamlabs/ Barcelona 

 

Estas últimas semanas en los laboratorios de Madrid y Barcelona estamos viviendo un momento especial, un ritual que se celebra dos veces al año: estamos en las evaluaciones del grado LEINN (Liderazgo Emprendedor e Innovación).

A lo largo de mi vida, y habiendo estado mucho tiempo en instituciones educativas tradicionales, cuando llegaba el momento de las evaluaciones siempre me preguntaba lo mismo: ¿qué notas sacaré esta vez?; la misma pregunta que se hacía todo el mundo. Además, recuerdo que cuando llegaba el día y los profesores y profesoras nos daban las notas, empezaba una competición muy cruel: ¿qué notas has sacado este año?, resonaba por todas las aulas, comparando los unos con los otros para ver quién lo había hecho mejor.

Era una mezcla de curiosidad, drama o felicidad, pero casi siempre con algo de frustración y/o decepción…tantas emociones para un momento tan marcado en la vida de todos los alumnos y alumnas que se va repitiendo generación tras generación. Incluso, los profesores y las profesoras que, en algún momento han pasado por ahí, esperan este momento y saben lo que se avecina. Este “ritual escolar” parece la historia interminable. Y yo todavía no entiendo, después de tantos años en la escuela, si este “ritual escolar” es algo bueno o malo.

Al final del camino, algo sorprendida, he descubierto que ese ritual tan arraigado en nuestra vida de estudiantes, se puede cambiar de manera sencilla (aunque intensa). Aquí en Leinn, en periodo de evaluaciones nos preguntamos qué hemos aprendido durante estos meses.

Con esta pregunta, entre los y las Leinners (estudiantes del grado Leinn), nace un diálogo muy muy largo y muy interesante. Este diálogo se mueve dentro de un marco muy concreto -el modelo de aprendizaje del propio grado Leinn- que parte del Falkon Model (en proceso de substitución del anterior Rocket Model).

Este modelo representa un proceso, un aprendizaje que toca diferentes temas: el branding, la creatividad, el liderazgo o el trabajo en equipo, entre otros. De hecho, los y las Leinners aprenden en equipo y montan sus propia empresa desde el primer día. Ellos y ellas mismas exponen sus propias notas reflexionando sobre su propio camino de aprendizaje con el objetivo de llevarles a sacar su mejor versión, como emprendedores y emprendedoras, como team learner y cómo líderes. 

Resulta también interesante ver que la gráfica del modelo Rocket es, precisamente, un  cohete. Esta imagen, me hace pensar que estamos en un proceso de transición: preparamos cuales van a ser los next steps y las próximas etapas, reflexionando sobre qué hemos aprendido y preguntándonos dónde queremos llegar en el viaje con el tiempo que nos queda, cómo vamos a aprovechar el tiempo de un año académica para conseguir crear nuestra propia empresa y sobre todo, cómo crecer personal y profesionalmente.

De hecho, una de las primeras reflexiones que saqué después de las evaluaciones de Leinn fue: ¿qué valor tiene el tiempo? 

En los laboratorios siempre se respira rapidez, nuestros labs son espacios de co-working y los y las leinners trabajan en un open space: se encuentran, intercambian ideas y proyectos, planean reuniones, hacen facturas y se enfrentan al mundo real. Todo es rápido, como rápida tiene que ser la innovación. Siempre hay mucha energía (y miles de preguntas). 

Pues en las evaluaciones, todo cambia. En el Lab hay silencio, las compañías están reunidas, aunque los proyectos no se “paran”. Es un momento de reflexionar. ¿Dónde estamos? ¿Dónde queremos ir? ¿Cuánto tiempo hemos trabajado en estos meses? ¿Ha sido útil? ¿Cómo aprovechar de la mejor manera el tiempo? ¿Cómo queremos que sea? ¿Este tiempo desconocido? ¿Lo planeamos? 

Me gusta pensar en las evaluaciones como un tiempo “en suspenso” en el que aprendemos mutuamente de nuestras experiencias y aprendizajes. Antes, durante y después de las evaluaciones nace un ritual: la preparación, el silencio, las ganas. Y esto es claramente un tiempo de construcción. En el lab, entendemos las evaluaciones como un ritual que nace del bien común. 

La preparación entre los y las Leinners es un momento muy emocionante. La primera vez que asistí, me parecía estar en una feria. Estamos todos por el lab, preparando el proceso de evaluación, pidiendo ayuda a los coaches, a compañeros y compañeras que llevaban más tiempo, incluso entre nosotros mismos. Y es aquí donde el significado de comunidad cobra sentido. Es aquí cuándo se construye un propósito común. Todos y todas vivimos lo mismo, las mismas sensaciones y experiencia, aunque estemos en diferentes laboratorios. ¿No es increíble?

Y esta es la segunda cosa que aprendí durante las evaluaciones en Leinn: el gran valor que tiene la comunidad y cómo se puede construir desde el bien común. Para nosotros y nosotras, el aprendizaje es en equipo y este es nuestro bien común. ¡Todo esto se aprende hablando! Es curioso que entre toda la innovación y tecnología que tenemos, al final, la tecnología más poderosa es el diálogo.

Creo también que es importante mencionar otra cosa que aprendí, el connect the dots, de una citación de Steve Jobs:

You can't connect the dots looking forward; you can only connect them looking backwards. So you have to trust that the dots will somehow connect in your future. You have to trust in something — your gut, destiny, life, karma, whatever.

Es que nada más que añadir. En el tiempo suspendido de las evaluaciones, unimos los puntos: creamos nuestra red, nuestro bien común, nuestra comunidad. Solo en este momento, miramos atrás. Luego, seguimos adelante porque lo que mejor sabemos hacer es Darle al Play.