TEAMLABS: El gran fracasódromo

Teamlabs Madrid Universidad Madrid Barcelona

Por Demian Sterman (autor de libro "Historias de fracasos y fracasados que cambiaron el mundo").

 

Comenzar un proceso de innovación, o uno que nos lleve
a desarrollar algo innovador, es empezar un Fracasódromo. No es una palabra que exista ni que pueda encontrarse en el diccionario de la Real Academia Española, pero la he tomado prestada de una conversación durante el año 2017 que he tenido con Félix Lozano, director de una de las universidades más innovadoras que he conocido y que me ha enamorado desde el primer momento: TeamLabs.

¿Qué es un Fracasódromo? Un espacio, físico o no, en el cual se pueda fracasar sin temor. Es decir, un lugar en el que sabremos que —de manera esperable— vamos a fracasar una, dos o tantas veces como nos animemos.

Aunque con otros nombres, existen, además de TeamLabs, algunos espacios con el espíritu del Fracasódromo que intentan sumar el fracaso en su cultura de trabajo. Uno de ellos es Google X, el laboratorio de ideas y proyectos de Google, ubicado en las afueras del campus principal de la compañía, en Mountain View, California.

¿Qué tiene de interesante? Su filosofía. Allí no estigmatizan al fracaso; es más, invitan a que suceda porque consideran que, si alguien está motivado a para hacer algo que a priori parece imposible, quizás sea posible y debe hallar la manera de intentarlo.

Como todo espacio pensado para la innovación, en este laboratorio para la creación, la premisa es trabajar sobre un problema. Identificar uno en particular y transitar el camino de la investigación, la creatividad, el desarrollo y la experimentación de soluciones que no han existido hasta el momento. Crear una solución, probarla y, si no funciona, buscar otra.

Al igual que en esta maravillosa Universidad del grado LEINN, el objetivo primario se enfoca en la búsqueda de la solución, no solamente en la solución en sí misma. Esa búsqueda sin la presión del factor fracaso, puede dar lugar al encuentro con lo verdaderamente nuevo y desconocido. Lo novedosamente innovador.

Cuenta Astro Teller, jefe del laboratorio de Google X, en una entrevista realizada por David Grossman de la BBC MUNDO, que le llegan muchísimas ideas geniales, por ejemplo, una superficie que
 sin necesidad de contacto pueda levantar objetos. Pero, según dice, este tipo de proyectos no pueden prosperar porque no vienen a resolver un problema. Uno de los proyectos que desarrollaron en Google X durante mucho tiempo y hoy ya es una realidad tiene que ver con los vehículos autónomos. ¿Qué problema vienen a resolver los vehículos sin conductor humano? La reducción de accidentes de tránsito.

Google X fue el primer Departamento de Innovación a nivel mundial en comenzar a desarrollar la idea de un automóvil que fuera conducido por inteligencia artificial con la idea
de garantizar la mayor seguridad tanto dentro como fuera del vehículo. En 2009 comienza a desarrollar en secreto Waymo. En 2014 da a conocer su prototipo de automóvil completamente autónomo. Pero este desarrollo aún está en modo experimentación dado que no pueden garantizar la seguridad total de sus pasajeros.

Hoy hay muchas compañías experimentando, en el camino hacia su mejor y más acabada versión. Van mejorando sus sistemas a fuerza de fracasos.

Podríamos decir que, en este caso en particular, el Fracasódromo de los vehículos autónomos está a la orden del día.

La compañía de Elon Musk, Tesla, conocida por ser la primera compañía en desarrollar automóviles deportivos eléctricos, también está enfocada en el desarrollo de los vehículos sin conductor, pero detrás de su implementación, en el año 2016, un Tesla Model S, colisiona en modo autónomo con un camión en un cruce, y su conductor pierde la vida.

En marzo de 2018 en Arizona, Estados Unidos, un vehículo autónomo de la compañía Uber, desarrollado por el departamento Uber Technologies, atropelló en un cruce a un peatón, lo que provocó que la compañía de transportes de pasajeros suspendiera su programa de vehículos autoguiados, que comenzaba a funcionar tanto en Estados Unidos como en Canadá.

Los innovadores están concentrados en lograr la innovación, pero las aplicaciones de estos desarrollos todavía necesitan su tiempo de experimentación.

La compañía Apple también se vio tentada de participar en la carrera por lograr el automóvil
sin conductor, pero el “Titan Project” tuvo tantos problemas que fueron alejando este proyecto de su propuesta inicial.

En 2014, la empresa fundada por Steve Jobs quiso desarrollar el iPhone de la industria automotriz,
y para eso pensó en el desarrollo de un vehículo autónomo desde cero, apostando, como nos tiene acostumbrado Apple, a un diseño moderno, elegante y de vanguardia sumado a la tecnología de última generación con una impronta futurista. Eso, en los papeles.

En la práctica este proyecto vivió bastantes sinsabores, que incluyeron la salida de un alto directivo de la compañía, Steve Zadesky quien además de liderar el “Titan Project” era ex ingeniero de Ford Motor Co. y uno de los primeros diseñadores del iPod.

El desarrollo de este ambicioso vehículo pospuso tres veces su fecha límite para estar listo en parte porque desde el comienzo se plantearon tiempos imposibles de cumplir. La idea original era tan buena como compleja: un automóvil sin volante ni pedales, con puertas motorizadas para que fueran silenciosas, y realidad aumentada para tener toda la información actualizada desde el tablero.

Tantos problemas tuvieron en Apple para el desarrollo de semejante idea que se decidió achicar el proyecto y así poder enfocarse solamente en
lo que ellos sabían hacer: la programación y el desarrollo de un sistema de conducción autónoma para autos que ya estuvieran en el mercado.

El American Wonder es considerado el primer automóvil sin conductor al volante del que haya registro. Fue creado en el año 1925 por Houdina Radio Control Company, compañía del ingeniero Francis Houdina.

El producto consistía en controlar un vehículo con un radio control. La gente que paseaba por Manhattan podía ver un auto que circulaba sin nadie adentro. El control remoto permitía: encender el motor, cambiar su marcha, hacer sonar la bocina, girar el volante hacia la derecha, hacia la izquierda, hacer giros en “u” y círculos completos.

En una presentación con público, según la
crónica de la revista Time, el coche preparado
por el ingeniero Houdina, en momentos en que circulaba por la Quinta Avenida, logró moverse con normalidad frente a la presencia de otros vehículos, pero no pudo evitar impactar contra un automóvil sedán.

Ese no fue el único contratiempo al que se tuvieron que enfrentar el vehículo y su creador. Impensado problema tuvo Francis Houdina, cuando despertó la ira del ilusionista Harry Houdini, enfurecido con el ingeniero por utilizar el parecido de su nombre y la capacidad “mágica” de su vehículo para promocionar su producto y su negocio de innovación.

Cuentan algunos diarios de la época que Houdini se hizo presente en las oficinas de Houdina y en un ataque de furia ocasionó importantísimos destrozos al mobiliario de la Houdina Radio Control Company.

Está claro que, para innovar con éxito, hay que estar preparado para fracasar con éxito también.

Y tú, ¿cómo te vienes preparado para fracasar mejor?

Hablemos.

Demian Sterman  (@demiansterman en todas las redes)

www.demiansterman.com

 

PD: el día 15 de octubre, a las 18h, estaré en TeamLabs  Madrid, conversando acerca del éxito de fracasar. Repensaremos el fracaso para poder transitarlo con éxito.

Te espero.